Qué son las criptoguerras
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Las guerras criptográficas son un término no oficial para referirse a los intentos de EE.UU. y sus gobiernos aliados de restringir el acceso público y extranjero a la criptografía robusta con el fin de evitar la descodificación por parte de las agencias nacionales de inteligencia.
El objetivo de estos actos es claro: nadie ni ninguna nación puede confiar en métodos de cifrado indescifrables para las agencias nacionales de espionaje. Como resultado, nadie estaría a salvo del fisgoneo de agencias como la NSA, la CIA o el FBI. Esta situación tiene su origen en un período difícil de la historia, la Guerra Fría. Por un lado, el bloque occidental pretendía salvaguardar sus comunicaciones e impedir que el bloque oriental obtuviera una sólida tecnología de cifrado. Ellos, por otro lado, deseaban hacer lo mismo. Ambos bandos trataron de espiarse mutuamente al mismo tiempo, buscando métodos para romper sus sistemas. Una circunstancia que provocó algunas respuestas inusuales.
Durante la primera criptoguerra, en la década de 1990, los defensores de la privacidad y los expertos en seguridad lucharon contra los amplios controles estadounidenses a la exportación de criptografía y el debilitamiento intencionado del cifrado. El resultado del conflicto es el principal responsable del creciente uso y disponibilidad de las técnicas de cifrado, así como de la expansión mundial del comercio electrónico. Steven Levy, antiguo corresponsal jefe de tecnología de Newsweek que escribió literalmente el libro sobre la primera criptoguerra en 2001, resumió el resultado en cinco palabras: "el cripto público era nuestro amigo", dando a entender que la postura del gobierno estadounidense se alejó de considerar la criptografía únicamente como una amenaza para la seguridad nacional.
Con las revelaciones de Snowden en 2013, el mundo se vio inmerso en una segunda criptoguerra, que continúa a día de hoy. El actual tema de desacuerdo es si las agencias gubernamentales deben tener acceso sin restricciones a los datos de las comunicaciones y la capacidad de desbloquear los dispositivos electrónicos personales.
En una especie de criptoguerra, podemos situar los esfuerzos de los gobiernos para que aplicaciones como WhatsApp y Telegram sean desencriptadas, de forma que puedan acceder a las conversaciones. WhatsApp por ejemplo tiene cifrado de extremo a extremo, lo que significa que ningún tercero (ni siquiera el gobierno) no puede leerlo o acceder a él.
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